Contenidos
- SBTi-V2.0
- No existe una única lectura regional del estándar.
- Una meta no sustituye la capacidad para ejecutarla.
- El estándar amplía qué significa demostrar progreso.
- Esto último no es un requisito textual aislado de SBTi.
- Fuentes principales
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SBTi V2.0: qué cambia y qué significa para ejecutar una transición climática creíble
SBTi V2.0 no obliga a todas las empresas a cambiar inmediatamente sus objetivos. Sí modifica cómo deberán prepararse para establecerlos, implementarlos y demostrar progreso en los próximos ciclos.
Una empresa puede tener objetivos basados en ciencia validados por SBTi y no estar todavía preparada para operar bajo todas las exigencias del nuevo Corporate Net-Zero Standard Version 2.0 (Estándar Corporativo de Cero Neto, versión 2.0).
Eso no significa que sus objetivos hayan dejado de ser válidos ni que deba rehacerlos inmediatamente.
SBTi publicó la versión 2.0 el 11 de junio de 2026 y estableció un periodo de transición. La validación bajo esta versión estará disponible desde el 1 de febrero de 2027; la versión 1.3.1 seguirá disponible para nuevas presentaciones hasta el 31 de enero de 2028 y, desde el 1 de febrero de 2028, las nuevas presentaciones deberán alinearse con V2.0. Las empresas que ya cuentan con objetivos validados pueden continuar con su ciclo actual.

La pregunta relevante, entonces, no es si todas las empresas tienen que migrar inmediatamente. Es otra:
¿Qué cambió en SBTi y qué necesita preparar una organización para su próximo ciclo de objetivos?
La respuesta va bastante más allá de nuevos porcentajes o métodos de cálculo. La nueva versión diferencia requisitos según el tipo de empresa y conecta con más claridad objetivos, implementación y evaluación del progreso.
Desde una perspectiva empresarial, ese es el cambio de fondo: una meta climática sigue siendo fundamental, pero ocupa un lugar más claro dentro de un sistema de gestión de la transición.
Una revisión mayor, con una transición gradual
El nuevo estándar no obliga a todas las compañías a rehacer sus objetivos al mismo tiempo. SBTi recomienda a las organizaciones que están preparando objetivos durante 2026 continuar con la versión 1.3.1. Durante 2027 coexistirán ambas versiones para nuevas validaciones. Para empresas con objetivos ya validados, la prioridad sigue siendo implementarlos y reportar su progreso; el siguiente cambio relevante llegará al renovar el ciclo.
Esa ventana importa porque el estándar también modifica la información y las capacidades necesarias para establecer, implementar y demostrar los objetivos.
Un ejemplo es el año base del objetivo. El estándar pasa a utilizar, como regla general, el año más reciente con información completa y representativa disponible al iniciar cada ciclo, aunque permite seguir comunicando objetivos frente a referencias históricas anteriores cuando la equivalencia de ambición haya sido validada.
El próximo ciclo, por tanto, no debería prepararse únicamente actualizando un porcentaje de reducción. También conviene revisar datos, gobernanza y lógica de implementación.
Primero: entender qué requisitos aplican realmente
El estándar introduce Categoría A y Categoría B para diferenciar requisitos según tamaño, geografía y, en determinados casos, emisiones. La clasificación se determina formalmente dentro del proceso SBTi y se mantiene durante el ciclo del objetivo.
Para América Latina esto importa especialmente. Una compañía grande de la región puede quedar en Categoría A y otra en Categoría B.
No existe una única lectura regional del estándar.
Las diferencias son materiales. La Categoría A debe establecer objetivos de corto plazo separados para los Alcances 1, 2 y 3. La Categoría B debe establecer objetivos separados para los Alcances 1 y 2; el Alcance 3 es opcional como requisito general, pero deja de serlo si la empresa decide establecer un objetivo de cero neto (net-zero), porque ese objetivo debe cubrir los Alcances 1, 2 y 3 tanto en el corto como en el largo plazo.
La primera pregunta, por tanto, no debería ser:
“¿Cuáles son todos los nuevos requisitos del estándar?”
Sino:
“¿Qué requisitos aplican a nuestra empresa y al próximo ciclo de objetivos?”

La meta entra en un ciclo de gestión más explícito
Sería incorrecto decir que SBTi empieza ahora a preocuparse por la implementación. La versión anterior ya incluía seguimiento y reporte. El nuevo estándar vuelve mucho más explícita la relación entre objetivos, gobernanza, plan de transición, acciones y evaluación del progreso.
Todas las empresas que utilicen esta versión deberán desarrollar y mantener un plan de transición que explique cómo implementarán sus objetivos basados en ciencia. El plan debe ser aprobado por el máximo órgano de gobierno y estar alineado o integrado con la estrategia corporativa. Como regla general, las empresas de Categoría A deberán divulgarlo dentro de los 15 meses posteriores a la validación; algunos métodos de Alcance 1, como objetivos de intensidad o de transición de activos, exigen publicarlo desde la validación.
Aquí conviene separar requisito de recomendación. SBTi exige el plan y determinados contenidos. También recomienda mostrar cómo está respaldado por planificación financiera y estructuras robustas de gobernanza. No es lo mismo.
Y hay otra precisión importante: SBTi verifica que el plan exista y contenga los elementos requeridos; no certifica que cada inversión sea financieramente viable ni garantiza que el plan vaya a entregar el objetivo. La responsabilidad sobre su diseño, implementación y resultados sigue siendo de la empresa.
Desde nuestra perspectiva, ahí está una de las implicaciones más importantes del cambio:
Una meta no sustituye la capacidad para ejecutarla.
La empresa todavía necesita traducir el objetivo en palancas, responsables, dependencias, recursos y decisiones operacionales.
Los Alcances 1, 2 y 3 cambian de lógica, no solo de cobertura
En el Alcance 1, el estándar separa estos objetivos de los del Alcance 2 y exige cobertura del 100 % de las emisiones directas. Mantiene opciones de reducción absoluta e intensidad sectorial y añade objetivos de transición de activos para contextos con capital físico de larga vida.
Para negocios intensivos en activos, esto permite representar mejor restricciones de renovación del capital físico sin abandonar una trayectoria consistente con cero neto.
En el Alcance 2, los objetivos también se separan y cubren el 100 % de las emisiones. El estándar permite trabajar mediante reducción de emisiones y/o alineamiento con electricidad baja en carbono. Los contratos de compra de energía y certificados de atributos energéticos no desaparecen, pero su uso queda sujeto a criterios más explícitos de integridad y relación con el sistema eléctrico donde ocurre el consumo.
También conviene distinguir dos asuntos que pueden confundirse. Cuando el consumo eléctrico de una agrupación de actividades (activity pool) alcanza el umbral de 10 GWh anuales, el estándar exige calcular y reportar el porcentaje de electricidad baja en carbono utilizado, contratado o emparejado en base horaria. Participar en el programa de reconocimiento de emparejamiento horario (hourly matching), en cambio, sigue siendo voluntario.
En el Alcance 3, el cambio puede tener aún más implicaciones para la gestión empresarial. La Categoría A debe identificar las categorías significativas —aquellas que representan al menos 5 % de las emisiones del Alcance 3, categorías 1 a 14— y establecer objetivos de corto plazo utilizando las opciones elegibles.
El estándar incorpora además la identificación de actividades intensivas en emisiones (EIAs, por sus siglas en inglés), que permite mirar fuentes materiales que pueden atravesar distintas categorías contables. Para la Categoría A, su identificación y cuantificación pasa a formar parte de la nueva arquitectura.
Eso cambia la conversación. Ya no basta con preguntar qué categoría es más grande. También importa entender qué actividad genera esas emisiones y qué palanca puede modificarla.
Dependiendo del caso, los objetivos pueden centrarse en reducción de emisiones, alineamiento de proveedores o clientes, o métodos específicos por categoría o actividad.
Para una empresa, la pregunta más útil aparece antes de llenar cualquier herramienta:
¿Sabemos qué actores y decisiones pueden modificar nuestras principales fuentes de Alcance 3?
Implementar y demostrar progreso gana protagonismo
El estándar introduce una jerarquía de implementación que prioriza acciones lo más cerca posible de la fuente de emisiones. Cuando una acción a ese nivel no es factible bajo las condiciones del estándar, pueden considerarse intervenciones a nivel de una agrupación de actividades o del sector, sujetas a criterios de integridad y a una relación demostrable con la actividad de la compañía.
Su consecuencia es más importante que memorizar toda la jerarquía. El estándar distingue entre reducir una fuente de emisiones y contribuir a transformar el sistema en el que esa fuente opera. No son equivalentes para efectos de las declaraciones climáticas y no deberían contabilizarse como si lo fueran.
Eso acerca SBTi a problemas reales de ejecución: qué puede cambiar la empresa, qué depende de terceros y qué barreras limitan la acción dentro del ciclo.
El seguimiento también se vuelve más estructurado. El estándar mantiene el reporte anual y añade una evaluación formal al final de cada ciclo. Las empresas deberán evaluar el progreso contra sus objetivos y reportar las acciones implementadas y las barreras encontradas; para la Categoría A, los datos y cálculos que sustentan la evaluación de progreso deberán contar con aseguramiento independiente, como mínimo a nivel limitado.
Por eso no sería preciso decir que SBTi empieza ahora a exigir seguimiento.
El cambio es otro:
El estándar amplía qué significa demostrar progreso.
Un objetivo se valida en un momento. La capacidad para perseguirlo se construye y se evidencia durante todo el ciclo.
Responsabilidad por emisiones en curso (OER) y neutralización: dos conversaciones distintas
El estándar incorpora un programa voluntario de Responsabilidad por Emisiones en Curso (OER, por sus siglas en inglés) para reconocer contribuciones climáticas adicionales mientras una empresa continúa reduciendo sus propias emisiones.
La separación contable es esencial: esas contribuciones se reportan por fuera del inventario y del progreso contra los objetivos. No pueden utilizarse para descontar emisiones ni reemplazar las reducciones requeridas.
El estándar también señala la intención futura de establecer responsabilidad obligatoria por emisiones en curso para la Categoría A a partir de 2035. Pero el propio texto define ese requisito como ilustrativo y establece que deberá revisarse en V3 antes de entrar en vigor. No debería comunicarse hoy como una obligación definitiva ya cerrada.
La neutralización ocurre en otro momento. Si una empresa decide establecer un objetivo de cero neto, al llegar al año de cero neto deberá reducir los Alcances 1, 2 y 3 a cero o niveles residuales consistentes con las trayectorias elegibles y neutralizar las emisiones residuales mediante remociones elegibles.
Además, establecer un objetivo de cero neto es opcional para todas las empresas. El Alcance 3 y los objetivos de largo plazo dependen de la categoría, del método seleccionado y de si la compañía elige establecer un objetivo de cero neto.
Entonces, ¿qué debería hacer una empresa ahora?
Si ya tiene objetivos validados
Una empresa que ya tiene objetivos validados no necesita abandonarlos por la publicación del nuevo estándar. Debe seguir implementándolos y reportando progreso. Pero puede aprovechar la transición para identificar brechas que serán relevantes en la siguiente renovación: calidad y actualidad de los datos, gobernanza, plan de transición, Alcance 3, aseguramiento o evidencia de implementación.
Si está desarrollando o renovando objetivos
Una organización que está desarrollando o renovando objetivos en 2026 o 2027 necesita mirar primero el calendario. SBTi recomienda continuar avanzando bajo V1.3.1 durante 2026 y permite utilizarla durante 2027. Esperar únicamente porque existe una nueva versión no necesariamente mejora la decisión.
Si todavía no ha iniciado el proceso
Y una empresa que todavía no ha iniciado el proceso debería evitar comenzar únicamente preguntándose qué porcentaje puede presentar a validación. Antes necesita una base suficientemente sólida: inventario confiable, claridad sobre sus emisiones materiales, datos adecuados y capacidad para convertir el objetivo en acciones.
Esto último no es un requisito textual aislado de SBTi. Es una lectura empresarial de lo que el estándar exige en conjunto.
De fijar una meta a construir capacidad para cumplirla
El nuevo estándar no reduce la importancia de establecer objetivos científicamente consistentes. Los conecta más claramente con la forma en que la empresa pretende implementarlos, seguirlos y renovarlos.
Para compañías latinoamericanas, la tarea no consiste en memorizar el estándar ni asumir que todos sus requisitos aplican por igual.
Primero hay que entender la categoría, el momento del ciclo y los cambios que afectan materialmente el perfil de emisiones y la arquitectura de objetivos.
Después viene una pregunta más difícil:
¿Tiene la organización la capacidad para convertir ese objetivo en decisiones, acciones y evidencia de progreso?
Porque una meta validada puede definir hacia dónde debe avanzar una empresa.
Pero la transición ocurre cuando el negocio aprende a ejecutarla.
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