Tu empresa ya hizo el reporte de sostenibilidad… ¿y ahora qué?

Cómo aprovechar esta carta de navegación estratégica y usarla como el GPS que alinea la supervivencia del negocio con el lenguaje del capital.

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En la última década, la gestión ESG dejó de ser una actividad periférica para convertirse en el epicentro de la estrategia corporativa. Con un incremento del 155% en la regulación y normativa ESG a nivel global, las organizaciones en Latinoamérica se enfrentan a un cambio de paradigma: el reporte de sostenibilidad ya no es un trámite anual para “quedar bien”, sino un insumo crítico para la supervivencia financiera y la competitividad a largo plazo.

Como bien señala Juan Luis Botero, Líder de Anthesis Latam, estamos entrando en una nueva era. Hemos pasado de la negación y el retraso a una etapa de “revolución” donde lo valioso no es solo hacer lo correcto, sino “hacer lo que es inteligente” para el momento actual de la humanidad. En este contexto, el reporte se transforma en la voz de la estrategia.

La estrategia define el reporte, no al revés

Uno de los errores más comunes en las organizaciones es abordar el reporte como un ejercicio de recopilación de datos de última hora para cumplir con una fecha de entrega. Sin embargo, el consultor especializado Julián Trujillo es enfático en su visión: “La estrategia de sostenibilidad no comienza en el reporte de sostenibilidad; el reporte es el producto del desarrollo de una estrategia previa”.

El proceso debe ser inverso al que muchas empresas practican. Primero, se debe obtener el resultado del impacto y la materialidad financiera, lo que hoy conocemos como doble materialidad, para priorizar impactos, riesgos y oportunidades. Con esta base, la organización puede realizar un diagnóstico de su funcionamiento actual y consolidar focos estratégicos que den forma a la sostenibilidad en sus dimensiones ambiental, social y económica.

Así, la sostenibilidad se integra en la estrategia corporativa, permitiendo que ambas funcionen en sinergia para cumplir los objetivos de la compañía, cuidar el entorno y, fundamentalmente, asegurar la supervivencia de la organización en el tiempo.

El reporte como “Bitácora de Vuelo” para la Junta Directiva

Para la alta dirección, el reporte no debe ser visto como un “ladrillo” de 300 páginas, sino como una herramienta de gestión viva. Simón Mejía, Client Manager en Anthesis, propone una analogía poderosa: el reporte es una “bitácora” en el viaje hacia objetivos estratégicos de largo plazo (como las metas de descarbonización a 2040 o 2050).

Cada informe anual es un hito que muestra cómo avanza la compañía en ese viaje, qué riesgos ha identificado y qué oportunidades está capitalizando para ser más eficiente y menos costosa. En resumen, “el reporte es tu principal ejercicio de comunicación no solo de qué hiciste, sino de para dónde vas”.

Si una junta directiva solo revisa el reporte una vez al año, está perdiendo información valiosa sobre la materialidad financiera. Hoy, el mercado habla el “lenguaje de la plata”. Los inversionistas y bancos ya no solo miran el balance general; buscan validar si la estrategia de sostenibilidad generará valor en el mediano y largo plazo. En México, por ejemplo, el caso de las NIS es notorio: a partir de 2025, los estados financieros que no incluyan la nota complementaria de sostenibilidad se considerarán información incompleta para las entidades financieras.

Cultura y Datos: Los pilares de un reporte con valor estratégico

Para que el reporte sea un insumo confiable para la toma de decisiones, debe haber una base sólida de gobierno de datos. Ana María Lopera, líder de clientes y mercados de Anthesis Colombia, advierte que construir un reporte suele ser un ejercicio “bajo presión” donde aflora la verdadera cultura de la organización.

Uno de los mayores dolores culturales es el trabajo en silos. “Hay equipos que trabajan de manera muy independiente y no les importa tanto lo que pase en el área o en el otro equipo”, señala Lopera. Para que el reporte sirva a la dirección, la sostenibilidad debe dejar de ser “propiedad” del equipo de sostenibilidad y convertirse en una responsabilidad transversal. Cada área debe ser dueña de sus datos para que el resultado final sea una foto real y honesta de la organización.

El impacto en el acceso a capital

El argumento comercial más fuerte para elevar el reporte a la junta directiva es el acceso a capital. Los mercados financieros en Latinoamérica están incorporando riesgos climáticos en sus modelos de crédito. Alfonso Teramoto, socio de Gruner, destaca que bancos como BBVA y Santander ya ofrecen productos financieros ligados al rendimiento sostenible.

Una empresa que reporta con rigor no solo cumple con la norma, sino que mejora su atractivo para inversionistas institucionales y accede a mejores tasas de interés. Por el contrario, no reportar o hacerlo de forma deficiente implica riesgos de cumplimiento, pérdida de credibilidad y decisiones estratégicas basadas en información incompleta.

Tecnología: El habilitador de la agilidad estratégica

Gestionar la complejidad de los indicadores ESG (como los 30 indicadores IBSO en México) mediante procesos manuales y hojas de cálculo es una receta para el caos. La tecnología aparece aquí no solo para ahorrar tiempo, sino para dar trazabilidad y accountability.

Clarita Velázquez, Directora de Sostenibilidad de Sura Asset Management, comparte su experiencia tras implementar tecnología: “Se ha recortado el tiempo de auditoría en una tercera parte”. Además de la eficiencia, la tecnología permite visualizar la información en tiempo real mediante analítica, lo que ayuda a la alta dirección a tomar decisiones informadas sobre temas ambientales y sociales a lo largo de todo el año, y no solo durante la temporada de reportes.

La conversación sobre el reporte de 2026 debería empezar el mismo día que se publica el de 2025. No se trata de un hito anual, sino de una conversación continua sobre qué tan sostenible es el negocio, qué información está llegando a los grupos de interés y cómo se está ajustando la estrategia para asegurar la supervivencia y el liderazgo en un mercado cada vez más exigente.

El mensaje para las juntas directivas en Latinoamérica es claro: dejen de ver el reporte de sostenibilidad por el retrovisor y empiecen a usarlo como el parabrisas que les permitirá navegar el futuro del capital.

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