
En los últimos meses, dos escándalos han sacudido el mundo corporativo y expuesto una nueva amenaza para la credibilidad de las empresas que se dicen sostenibles y tecnológicamente avanzadas. Primero, la caída estrepitosa de Builder.ai, una startup valorada en más de mil millones de dólares, tras descubrirse que su “inteligencia artificial” era en realidad un ejército de ingenieros humanos operando detrás del telón. Luego, las multas impuestas por la SEC a la firma de inversión Delphia, por promocionar estrategias ESG “potenciadas por IA” que, según las investigaciones, nunca existieron.
Ambos casos tienen un hilo común: el uso irresponsable y engañoso del término “inteligencia artificial” para ganar reputación, atraer inversión o posicionarse en el mercado. A esta práctica se le conoce como AI Washing, y es el nuevo primo digital del ya conocido greenwashing. Pero ahora, el riesgo es mayor: no solo se falsea el impacto ambiental o social, sino también la tecnología que se supone debería garantizar transparencia y eficiencia.
Este artículo explora a fondo el fenómeno del AI Washing, sus riesgos, y cómo evitar caer en la trampa de prometer una transformación digital que no existe.
Caso 1: Builder.ai, el unicornio sin magia
En el primer semestre de 2024, la empresa británica Builder.ai, aclamada como una de las startups más prometedoras del ecosistema tecnológico, colapsó estrepitosamente tras revelarse que su plataforma “impulsada por inteligencia artificial” en realidad dependía de cientos de ingenieros humanos trabajando manualmente tras bambalinas. El producto prometía una revolución: creación de software en minutos, sin necesidad de programar, todo gracias a una IA generativa supuestamente robusta. Sin embargo, una investigación interna reveló que la automatización era en gran medida ficticia. La inteligencia artificial no hacía el trabajo: los humanos lo hacían, bajo la ilusión de que todo era algorítico.
Este es un caso de AI Washing de libro. Se vendió una promesa tecnológica que no existía, se captó financiamiento bajo supuestos falsos y se construyó una narrativa corporativa apoyada más en marketing que en capacidades reales. El resultado: pérdida total de confianza de inversores, reputación destruida y la marca convertida en un caso de advertencia para todo el ecosistema tech.
Caso 2: Delphia, la gestora sancionada por una IA que no existía
En abril de 2024, la SEC impuso una multa de 225,000 dólares a la firma de inversión Delphia (USA) Inc., por afirmar falsamente que utilizaba inteligencia artificial para guiar sus decisiones de inversión ESG. Según su propia publicidad, Delphia analizaba grandes volúmenes de datos para “predecir tendencias” y seleccionar empresas sostenibles con mejor proyección. En realidad, la compañía no tenía implementados sistemas de IA significativos, y sus decisiones se tomaban sin el apoyo de algoritmos ni modelos predictivos.
Aquí el AI Washing se da en un contexto particularmente sensible: el financiero. Delphia usó una narrativa de innovación tecnológica para captar clientes y mejorar su imagen ante inversionistas conscientes de los criterios ESG, sin ofrecer el respaldo tecnológico que prometía. La multa no solo fue económica, sino simbólica: un mensaje claro a todo el sector sobre la necesidad de transparencia tecnológica, especialmente cuando se trata de sostenibilidad.
¿Qué es el AI Washing?
El término AI Washing se refiere a la práctica de afirmar falsamente que un producto o servicio utiliza inteligencia artificial para obtener ventajas competitivas, reputacionales o comerciales. Al igual que el greenwashing promete sostenibilidad sin sustancia, el AI Washing ofrece automatización, inteligencia o eficiencia donde no las hay.
En el contexto ESG, esta práctica es especialmente peligrosa. Las empresas que declaran usar IA para evaluar riesgos ambientales, automatizar reportes o medir impactos sociales están, en teoría, ganando confianza del mercado, atrayendo capital e incluso evitando sanciones regulatorias. Pero si esa IA es inexistente o poco más que un Excel disfrazado, el daño puede ser profundo y duradero.
¿Por qué América Latina debe prestar atención?
La región está en un momento clave para la transformación sostenible. Muchos países están impulsando agendas regulatorias más estrictas, mientras que los inversionistas internacionales exigen cada vez más criterios ESG en sus carteras. Sin embargo, el entusiasmo por digitalizar procesos ESG puede llevar a decisiones apresuradas, soluciones improvisadas y promesas tecnológicas sin sustento.
Además, el uso creciente de términos como algoritmo, automatización, machine learning o dashboard inteligente, sin una arquitectura tecnológica real detrás, puede desembocar en AI Washing no intencionado. La presión por “verse moderno” puede terminar saboteando la credibilidad a largo plazo.
Riesgos concretos del AI Washing en sostenibilidad
- Desconfianza del mercado: una vez que se pierde la confianza de inversionistas o stakeholders, recuperarla requiere años.
- Sanciones legales: reguladores como la SEC, la CNBV en México o la CMF en Chile, ya están monitoreando estas prácticas.
- Costos operativos ocultos: no tener tecnología real implica mantener procesos manuales, lentos y costosos.
- Pérdida de talento: equipos técnicos prefieren trabajar en organizaciones con tecnologías legítimas y transparentes.
- Impacto reputacional profundo: en el mundo digital, la viralidad de una mala práctica puede destruir años de trabajo reputacional.
Cómo evitar caer en el AI Washing
1. Verifica la tecnología que usas
Antes de incluir en un reporte o presentación que “usas IA para gestionar datos ESG”, asegúrate de contar con sistemas que realmente automaticen tareas, identifiquen patrones, o generen insights útiles. No todo software con gráficos dinámicos es “inteligente”.
2. Utiliza soluciones verificadas como Anthesis Mero
Una plataforma como Anthesis Mero no solo centraliza los datos ESG de forma segura y trazable, sino que ofrece funciones inteligentes reales, como:
- Validación automática de métricas con IA entrenada en estándares ESG.
- Alertas proactivas basadas en anomalías de datos.
- Recomendaciones personalizadas para mejorar cumplimiento.
- Generación automática de reportes bajo marcos como GRI, CSRD o TCFD.
Todo esto dentro de un entorno auditable, donde cada proceso y cálculo es verificable.
3. Educa a tus equipos
El AI Washing no siempre es malintencionado. Muchas veces nace de desconocimiento. Capacita a tu equipo sobre qué es IA, cómo se usa en sostenibilidad y qué herramientas están realmente disponibles. Evita que las áreas de marketing o compliance prometan más de lo que el equipo técnico puede cumplir.
4. Prioriza la trazabilidad y los datos auditables
En sostenibilidad, lo que no se puede demostrar, no existe. Usa plataformas que generen evidencia de cada dato recolectado, su fuente, su transformación y su impacto final.
5. Comunica con evidencia, no con hype
Si realmente estás aplicando IA para mejorar tu gobernanza ambiental, cuenta esa historia con claridad, números y resultados. Publica estudios de caso, comparte aprendizajes, expón tus errores y mejoras.
El papel de SaaS en la consultoría: garantía contra el hype
Para las consultoras que asesoran a empresas en ESG, el AI Washing representa una amenaza doble: a su credibilidad y a la confianza de sus clientes. Por eso, el uso de herramientas SaaS especializadas no solo facilita el trabajo, sino que actúa como barrera contra prácticas dudosas.
Anthesis Mero se ha posicionado como un aliado estratégico para consultoras en América Latina que desean ofrecer servicios con respaldo tecnológico real. Desde el levantamiento de información ESG, hasta la generación automatizada de reportes y alertas de cumplimiento, Mero permite a los equipos enfocarse en lo que realmente importa: crear impacto sostenible con inteligencia genuina.
El AI Washing no es solo una moda; es un riesgo creciente en la carrera por digitalizar la sostenibilidad. Pero también representa una oportunidad: diferenciarse mediante la transparencia, el rigor y el uso ético de la tecnología.
Las organizaciones que adopten este enfoque no solo evitarán escándalos. También construirán marcas resilientes, confiables y preparadas para un futuro donde la sostenibilidad será tan cuantificable como el retorno financiero.
Y en ese futuro, plataformas como Anthesis Mero serán más que herramientas: serán garantías de integridad.
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