La importancia del capital natural

La naturaleza lo hace todo y debemos trabajar para valorar el capital natural que nos ofrece y los recursos para protegerla.

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Los recursos que utilizamos en nuestro día a día, la energía y la comida provienen directamente de la naturaleza. Estos bienes y servicios es lo que llamamos capital natural. Y se originan en los bosques y los mares y océanos, en las praderas y en las montañas. Durante mucho tiempo hemos extraído todos estos recursos sin mirar al futuro, pensando que eran infinitos. Ahora ya no es así.

Sabemos que no hay casi nada infinito. El viento, el sol, la fuerza de las oleadas y algunos fenómenos planetarios son la excepción. De ahí que necesitamos aprovechar su poder para vivir en un mundo más sostenible. Y por eso también necesitamos invertir en ese capital natural para protegerlo, para asegurar su existencia futura y mitigar los efectos del cambio climático.

En el reciente Foro de Davos, la directora del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Inger Anderson, dijo la frase que hemos mencionado al principio, “la naturaleza lo hace todo”, como frase que resume su importancia para la humanidad. Esta importancia se puso de manifiesto con el relevante papel que las soluciones basadas en la naturaleza y las diferentes guías existentes han marcado el camino a seguir por las inversiones en naturaleza que deben realizar las empresas privadas tuvieron durante el Fórum.

Existen directrices como el Task Force on Nature-related Disclosure (TNFD), el proyecto piloto de la Science Based Target Network para establecer objetivos basados en la naturaleza, los GRI Biodiversity Standard, el Nature Action 100, o el Finance for Biodiversity Pledge. Estas normas deben servir como medidas de presión para que el sector privado incluya la naturaleza y el concepto de nature positive dentro de la toma de decisiones.

Invertir en capital natural 

Las cifras, además, son claras: las acciones con un impacto positivo en la naturaleza pueden generar hasta 10 billones (10.000.000.000.000) de dólares de valor de empresa y casi 400 millones de puestos de trabajo de cara a 2030 Desgraciadamente, la inversión en las soluciones basadas en la naturaleza se sitúa en 200.000 millones de dólares, muy por debajo de los 7 billones de dólares de inversión en energías fósiles, según datos del Fondo Monetario Internacional.

La necesidad de invertir más dinero en proteger la biodiversidad, mitigar el impacto del cambio climático y fomentar las soluciones basadas en la naturaleza es un imperativo en el mundo actual. Y no sólo por dentro de 10 o 20 años, sino ya. Este decalaje en la importancia de llevar a cabo las acciones necesarias, este intento de posponerlas, es lo que se ha dado en llamar biocrastinación, palabra que proviene de “procrastinación” y biodiversidad. Es decir, dejar para más adelante lo que debe hacerse hoy.

Pero debemos ser conscientes de que no sirve realizar cualquier tipo de inversiones y que hay que tener en cuenta también el papel de las comunidades locales y de las poblaciones indígenas. Invertir en ellas y en las actividades que pueden realizar es invertir en las personas que más sufren los efectos de la deforestación y del cambio climático y que trabajan en primera línea de la conservación y preservación de la naturaleza.

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La importancia de las poblaciones indígenas 

Las poblaciones indígenas han sido tradicionalmente oprimidas y apartadas de sus hogares con la excusa del progreso. No ha sido hasta muchos años después que hemos empezado a reconocer la importancia que tienen por el cuidado de muchos ecosistemas.

Su conocimiento íntimo sobre los espacios donde habitan es una fuente de información de valor incalculable en los esfuerzos de la humanidad por preservar la biodiversidad. Por este motivo, su participación en las acciones de conservación debe estar en el centro de las mismas iniciativas. 

Además, su visión de la naturaleza, como un elemento que nos interpela y que no es un mero recurso fungible, aporta una perspectiva más allá del valor económico. Esta forma de entender los hábitats y las especies que habitan debe servir como base social y emocional para actuar y minimizar los daños que estamos causando.

En total, las comunidades indígenas representan al 6% de la población mundial y habitan las zonas donde encontramos el 80% de la biodiversidad mundial. Aún así, solo reciben un 1% de todos los fondos que se destinan a proteger la naturaleza. Esto debe cambiar si queremos minimizar el daño que causamos en el planeta, en la fauna y en la flora.

Al fin y al cabo, apoyando a estas comunidades, estamos ayudando a prosperar numerosas culturas y lenguas, estilos de vida y saberes que se suman al valor del capital natural que custodian.

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Imitar la naturaleza 

Afortunadamente, cada vez existen más empresas concienciadas, más equipos directivos implicados en fomentar estrategias que tengan la naturaleza en el centro y más proyectos que marcan el camino para conseguir un futuro más sostenible.

Como hemos dicho al principio, la naturaleza lo hace todo y debemos inspirarnos en sus procesos para asegurar que los recursos no se agoten y que puedan volver a entrar dentro de los ciclos naturales. La economía circular y la eficiencia en el uso de los recursos son clave para reducir nuestro impacto.

Por poner un ejemplo, y que puede tener un impacto muy positivo en el actual contexto de sequía que sufrimos en nuestro país, hace unos años en California, en Orange County, se desarrolló un proyecto para regenerar los acuíferos a partir del agua de las depuradoras. En vez de dejar que esta agua fuera al mar y quisiera recuperarse desalinizándola, se empezó a tratar desde la depuradora para devolverla a los acuíferos como agua potable y estuviera disponible para la ciudadanía.

Este proyecto no dejaba de seguir el ciclo del agua para aprovechar este recurso, nutrir de nuevo los acuíferos y mantener un nivel que permitiera el uso para las personas y la viabilidad de los ecosistemas que dependían de estos reservorios de agua.

Si conseguimos que las empresas puedan destinar una pequeña parte de su economía para mejorar los sistemas y procesos, para invertir en el capital natural y ser más circulares e incentivar nuevos proyectos, tendremos la capacidad de asegurar un planeta más justo para todos. Es la hora de dar un paso adelante.

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