La unidad como motor para el futuro del planeta

Satish Kumar expone la necesidad de estar unidos, de entender la situación actual de forma global y de enfocarnos en unas acciones más propositivas que destructivas.

el futuro del planeta

Numerosos problemas afectan al planeta

Las personas que trabajamos en la protección de la naturaleza y el medio ambiente utilizamos a menudo palabras y expresiones como «lucha» o «enfrentarse» al hablar de los problemas que afectan al planeta, ya sea el cambio climático, la contaminación o la pérdida de biodiversidad.

Estas expresiones, aunque útiles, dan la sensación de estar en algún tipo de batalla o lucha contra algo y seguramente han permeado al vocabulario de la sostenibilidad a través de otros ámbitos humanísticos y sociales donde son más habituales. Al fin y al cabo, no hay día en que no conozcamos de algún conflicto o guerra (Ucrania y Gaza, como más mediáticos ahora mismo) o que nos afecte de algún modo.

Pero si reflexionamos un poco, quizá debemos plantearnos si podemos decir que estamos en lucha contra nuestro hogar o que atacamos un problema que afecta a nuestra supervivencia o que actuamos para derrotar a quien está haciendo daño en el planeta. La naturaleza y el planeta como ciclo no actúa de esta forma. Simplemente, ocurre y se regula por sí solo, pero no lucha contra un incendio forestal, un huracán o un volcán en erupción, aunque cause unos daños en los ecosistemas.

Este pensamiento liga con el argumentario de que Satish Kumar, activista y pacifista nacido en la India que dirige el Schumacher College en Reino Unido, que expone en una entrevista reciente en el diario The Guardian. Kumar manifiesta la necesidad de estar unidos, entender la situación actual de forma global y enfocarnos en unas acciones más propositivas que destructivas. Su visión busca entender al conjunto, al igual que James Lovelock entendía la Tierra en un conjunto llamado Gaia.

los océanos y el futuro del planeta

Si miramos la naturaleza, cada vez en mayor desequilibrio por nuestra actividad, vemos que todos los elementos están interconectados. Los ecosistemas están formados por unas redes de relaciones entre especies, vinculados a un entorno físico y climatológico y ligados a los ciclos de las materias necesarias para que todo funcione. Hoy un átomo de carbono está en un ser vivo, mañana pasa al suelo, después se filtra en el agua de un río, se evapora a la atmósfera y acabar devolviendo a un ser vivo a través de la fotosíntesis.

Cambiar este paradigma implica estar en paz entre las personas y con la naturaleza, al no buscar un beneficio que explote los recursos, al buscar un bienestar general. Implica no querer crecer más y más, ni ocupar nuevos espacios, sino aprovechar los recursos que ya tenemos de forma eficiente, saludable y sostenible.

Si volvemos al funcionamiento de nuestro planeta, podemos encontrar muchos ejemplos de cómo aprovechar recursos y de cómo unas especies pueden beneficiar a otras. Desde los animales que se han adaptado a condiciones con muy poca agua y la obtienen o conservan de las formas más excepcionales, a los vínculos que genera la simbiosis entre hongos y árboles, por poner dos ejemplos.

Está claro que toda acción tiene un impacto, incluso en la misma biodiversidad, y que encontramos organismos que causan perjuicios o que tienen conflictos entre grupos dentro de la misma especie. En algunos casos, estos fenómenos son causados por nuestras actividades, otros forman parte del comportamiento de ciertos animales. Pero siempre se acaban regulando para volver a cierto equilibrio, que es lo que siempre ha hecho, hace y hará el planeta: volver a una situación dinámica pero estacionaria después de una gran alteración. Quizás no sea como antes o tardará mucho, pero volverá a un estado de equilibrio.

Debemos trabajar huyendo de un vocabulario belicoso, de un sentimiento de ansiedad, de frustración y de rabia, de una visión de culpabilización hacia quien ha causado la situación.

La humanidad debe conseguir que el momento alterado que hemos generado vuelva a una situación más estable que permita la supervivencia de todas las especies de forma sostenible y saludable. Y esto puede ser complicado si se trabaja desde un vocabulario belicoso, desde un sentimiento de ansiedad, de frustración y de rabia, desde una visión de culpabilización hacia quien ha causado la situación actual.

A Satish Kumar le han tachado de idealista. A James Lovelock de místico. Ambas definiciones pueden ser ciertas pero implican que ven la situación desde otra perspectiva y presentan soluciones desde otro punto de vista. No hace falta ser tan técnico, tan cerebral. Se puede ser más creativo, más imaginativo y encontrar formas de resolver los problemas que sean diferentes a las convencionales. O complementarias a las convencionales.

Es tiempo de pensar en una sola Tierra como nuestro hogar: unido, global, en equilibrio.

Las amenazas que nos afectan hoy en día, tienen un impacto sobre toda la humanidad, sobre todas las especias. Querer luchar contra el cambio climático o contra la pérdida de biodiversidad significa ver sólo los síntomas, pero no lo que está detrás. Hay que buscarlo porque hemos llegado aquí.

Y la educación tiene un papel clave. Un papel que, desde nuestros orígenes como escuela de naturaleza para maestros en Sant Andreu de La Vola, tenemos claro que es necesario a la hora de formar una sociedad crítica y consciente con el medio ambiente. Hemos crecido en torno a la educación y hemos ampliado nuestro alcance para incluir el máximo de ámbitos posibles para trabajar de forma global y unida en torno a la sostenibilidad.

Al igual que el río Fornés, que pasa por Sant Andreu de La Vola, desemboca en el río Ges y éste en el Ter, que bordea Manlleu, hasta llegar al Mediterráneo, nuestra actividad siempre ha estado cerca de la naturaleza y transcurre por muchos sectores diferentes, adquiriendo experiencias y conocimientos que acabamos trasladando a nuestros clientes, el mar en el que desembocamos para contribuir a un mundo más sostenible.

Por eso sabemos que sólo se puede conseguir este objetivo de forma circular, renovable, responsable y con una estrategia clara en todas las actividades de nuestro día a día. Sin olvidar la educación, ni la empatía, la solidaridad, la inclusividad y la justicia. Todos, conceptos que giran en torno a la comunidad, de las relaciones entre los seres. Sólo así llegaremos a tener un futuro realmente sostenible.