La industria farmacéutica se encuentra ante un punto de inflexión regulatorio. Durante décadas, la política del medicamento en España y en Europa se ha apoyado en tres pilares indiscutibles: seguridad, eficacia y calidad. Sin embargo, ese marco empieza a quedarse corto para responder a los retos actuales de los sistemas sanitarios y a las crecientes expectativas sociales en materia de sostenibilidad.
El Anteproyecto de Ley del medicamento y productos sanitarios, promovido por el Ministerio de Sanidad, no es una mera actualización normativa. Introduce, por primera vez de forma estructural, el impacto ambiental del medicamento como un elemento relevante en la toma de decisiones públicas. Una señal clara de hacia dónde se mueve el regulador y de lo que las compañías del sector deberían empezar a preparar hoy.
Sostenibilidad: de elemento voluntario a variable regulatoria
El texto del anteproyecto apunta a un cambio de paradigma relevante: la sostenibilidad deja de estar confinada al reporting ESG o a estrategias voluntarias de RSC, para integrarse progresivamente en el ciclo de vida regulatorio del medicamento.
Esto abre la puerta a que, en el futuro, aspectos como la huella de carbono, el uso de recursos o la gestión de residuos puedan influir —directa o indirectamente— en procesos de evaluación, financiación y acceso al mercado. El foco ya no está solo en el coste, sino en el valor global del medicamento, incorporando su impacto sobre el sistema sanitario y el entorno.
Un impacto ambiental bajo creciente escrutinio
Este giro regulatorio responde a una realidad cada vez más evidente. El medicamento tiene impacto ambiental a lo largo de toda su cadena de valor:
- Fabricación globalizada de principios activos, con elevadas emisiones asociadas
- Procesos productivos intensivos en energía y agua
- Presencia de residuos farmacéuticos en suelos y ecosistemas acuáticos
- Complejidad logística y dependencia de cadenas de suministro internacionales
- Desperdicio de medicamentos en sistemas sanitarios avanzados
Desde una perspectiva de “Una sola salud (One Health)”, la conexión entre salud humana, salud animal y salud de los ecosistemas es ya incuestionable. No puede hablarse de medicamentos que mejoran la salud sin considerar su contribución —positiva o negativa— a la salud del planeta.
España no es una excepción: una tendencia europea (y global)
El anteproyecto español no surge en el vacío. Se alinea con una tendencia regulatoria que ya se está materializando en otros países europeos.
En Reino Unido, el NHS ha empezado a integrar criterios ambientales en su relación con proveedores. Su política Greener NHS exige a las compañías planes de descarbonización como condición para mantener contratos futuros, situando la huella de carbono del medicamento como una variable estratégica real.
En Francia, el French Carbon Score for Medicines avanza un paso más, evaluando y clasificando el impacto climático de los medicamentos como parte de la información para la toma de decisiones. Un enfoque que anticipa lo que muchos reguladores empiezan a considerar inevitable: medir para poder gestionar.
España, con este anteproyecto, se suma a un movimiento que apunta hacia una convergencia europea en materia de sostenibilidad del medicamento, alineada con el Green Deal, la Estrategia Farmacéutica Europea y marcos como la CSRD.
De obligación futura a ventaja competitiva
Aunque el texto normativo todavía se encuentra en fase de anteproyecto, el mensaje para el sector es claro. La sostenibilidad ambiental del medicamento es ya un factor de competitividad.
Las compañías que empiecen a integrar estos criterios de forma temprana estarán mejor posicionadas para:
- Anticiparse a nuevas exigencias regulatorias
- Diferenciarse en mercados altamente competitivos (genéricos y biosimilares)
- Fortalecer su relación con reguladores y sistemas de salud
- Alinear su estrategia con inversiones, I+D y decisiones de portfolio
- Reforzar su licencia social para operar
Pasar de una lógica reactiva de cumplimiento a una proactiva de creación de valor puede marcar diferencias relevantes en los próximos años.
¿Quién impulsa la ley y qué plazos se manejan?
El anteproyecto ha sido impulsado por el Ministerio de Sanidad, en coordinación con otros departamentos y en diálogo con actores del sistema sanitario. Tras su fase de audiencia pública y revisión técnica, está previsto que inicie su tramitación parlamentaria a lo largo de 2026, siendo esta una de las prioridades del Ministerio para la presente legislatura.
Como ocurre en este tipo de procesos, el texto final puede experimentar cambios, pero la dirección estratégica —la incorporación de criterios de sostenibilidad ambiental— difícilmente desaparecerá. La experiencia en otros países muestra que, una vez introducido el debate, suele avanzar de forma progresiva pero constante.
Prepararse hoy para el marco del mañana
Más allá de la letra concreta de la ley, el anteproyecto envía una señal inequívoca: el modelo farmacéutico está evolucionando. Medir el impacto ambiental del producto, rediseñar procesos, trabajar con proveedores más exigentes o integrar la sostenibilidad en la I+D ya no es una opción a largo plazo, sino una necesidad creciente.
En Anthesis acompañamos a las compañías farmacéuticas en este proceso de transformación, ayudándolas a anticipar el marco regulatorio, generar datos ambientales robustos y convertir la sostenibilidad en una palanca estratégica real.
Porque el medicamento del futuro no solo deberá ser eficaz y seguro. También deberá ser coherente con un sistema sanitario y un planeta saludables.
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