Las disciplinas científicas: una necesidad estratégica en un mundo en transformación

niños jugando

En un contexto global marcado por la aceleración digital, la transición ecológica y la transformación de los sistemas productivos, las disciplinas científicas denominadas STEM (del acrónimo inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics) se han consolidado como un motor clave de desarrollo social, económico y cultural. La demanda de profesionales en estos ámbitos va en aumento, pero las vocaciones científicas y tecnológicas no crecen al mismo ritmo.

En nuestro país, el porcentaje de estudiantes en carreras STEM es de menos de un 20%, muy por debajo del objetivo europeo del 32%. Los grados con más alumnado son los de ingeniería e informática, por encima de Matemáticas, Física, Química o Geología. Por otro lado, la brecha de género se confirma: las mujeres representan el 56% del alumnado universitario, pero solo suponen el 30% en las carreras STEM. Esta diferencia se amplía en carreras como informática, con tan solo el 17% de la representación.

Ante este escenario, el fomento de las vocaciones STEM se convierte en una prioridad sistémica que interpela tanto al sistema educativo formal como a los agentes socioeducativos, culturales y científicos del territorio. El reto es grande, pero afortunadamente hay buenas experiencias educativas en equipamientos y programas de educación científica en las que podemos mirarnos.

Evolución de las vocaciones STEM y desigualdades persistentes

A pesar de los esfuerzos institucionales y las múltiples iniciativas en los últimos años, las vocaciones STEM continúan mostrando signos de debilidad estructural. Diversos estudios apuntan a que el interés por la ciencia y la tecnología tiende a disminuir a lo largo de la escolarización, especialmente durante la adolescencia.

Este descenso no responde a una única causa, sino a una combinación de factores: la percepción de dificultad, la falta de conexión con la realidad, la ausencia de referentes y el desconocimiento de las salidas profesionales. De hecho, diversos estudios indican que las vocaciones STEM comienzan a despertarse en las primeras etapas educativas, especialmente en primaria, y se consolidan progresivamente durante la educación secundaria, cuando el alumnado comienza a tomar decisiones sobre su itinerario formativo.

La brecha de género se manifiesta también en edades tempranas, desvinculada del rendimiento académico —que a menudo es superior en el caso de las chicas—, sino a factores como la autopercepción, la confianza, los estereotipos sociales y la falta de referentes. Así, el reto es ampliar el número de vocaciones desde una perspectiva inclusiva y equitativa.

La curiosidad en las primeras etapas educativas es clave

La literatura es clara al señalar la importancia crítica de las primeras etapas educativas en la construcción del interés científico.

Sin embargo, esta primera chispa no siempre se mantiene. El interés puede diluirse si no se ofrecen experiencias relevantes, contextualizadas y motivadoras. Se puede afirmar que, mientras que en primaria se despierta la vocación, es durante la educación secundaria cuando se consolida o se desvanece. La continuidad y coherencia de las experiencias educativas a lo largo del tiempo son factores determinantes.

El modelo competencial y el aprendizaje de la ciencia como práctica

El giro hacia un modelo educativo competencial ha abierto nuevas oportunidades para el fomento de las vocaciones STEM. Este enfoque pone el foco en el desarrollo de capacidades para comprender, interpretar e intervenir en el mundo, más allá de la simple adquisición de contenidos. Tal como apunta la investigación en didáctica de las ciencias liderada por autoras como Digna Couso, aprender ciencia implica construir modelos explicativos cada vez más sofisticados y participar en prácticas propias de la ciencia, como la modelización, la argumentación o la investigación. En esta línea, la educación STEM transmite conocimiento a la vez que invita a “hacer ciencia”.

La dimensión STEAM: el valor de las artes en la innovación

La incorporación de las artes (del paradigma STEM al STEAM) responde a la necesidad de abordar los retos contemporáneos desde una perspectiva interdisciplinaria e integradora. Las artes aportan una dimensión fundamental para el desarrollo de la creatividad, el pensamiento disruptivo, la innovación y la capacidad de generar nuevas ideas, y es precisamente en los procesos artísticos donde se cultiva esta capacidad de imaginar, visualizar e innovar.

En un contexto en el que la innovación depende cada vez más de la capacidad de combinar conocimientos, lenguajes y miradas diversas, las STEAM se convierten en un marco especialmente potente para formar una ciudadanía crítica, creativa y capaz de imaginar y construir respuestas a los retos complejos del futuro.

Más allá del aula: ecosistemas para el fomento de las vocaciones

La educación formal tiene un papel importante, pero la investigación evidencia que las actividades extraescolares, los equipamientos científicos y los contextos informales tienen un impacto clave en el interés y la predisposición hacia las ciencias.

Museos, centros de ciencia, laboratorios abiertos, programas educativos e iniciativas de ciencia ciudadana constituyen espacios privilegiados para el descubrimiento y la experimentación en contexto. Estos entornos permiten acercar la ciencia desde una perspectiva vivencial, accesible y emocionalmente significativa. En este marco, los proyectos educativos que desarrollamos en Anthesis desde diversos equipamientos y programas constituyen ejemplos concretos de cómo se pueden generar experiencias significativas para el fomento de las vocaciones STEAM.

Una de las claves que destaca la investigación es el valor de las primeras experiencias que despiertan la curiosidad. A menudo, una actividad puntual, un taller, una visita o un espacio de experimentación puede actuar como esa primera chispa que activa el interés por comprender el mundo. En este sentido, propuestas como el Planeta Bombolla o el Creactivity de CosmoCaixa ofrecen entornos de exploración libre donde los más pequeños pueden experimentar, manipular y hacerse preguntas. Estas experiencias contribuyen a construir una relación positiva con la ciencia, acercándola como una actividad natural y cotidiana, al alcance de todos.

Ahora bien, esta chispa inicial se vuelve realmente transformadora cuando tiene continuidad. La combinación de experiencias a lo largo del tiempo permite consolidar el interés y reforzar la confianza del alumnado en sus capacidades. En este proceso, los referentes son clave: ver a personas apasionadas por la ciencia, que la viven y la comparten, facilita que los jóvenes puedan identificarse con ellas.

Otro elemento esencial es la conexión con la realidad. Cuando la ciencia se presenta a partir de situaciones concretas, aplicaciones y retos reales, deja de percibirse como algo abstracto o lejano y se vuelve significativa. Entender para qué sirve el conocimiento científico y cómo se utiliza para dar respuesta a problemas actuales contribuye de forma directa a despertar el interés y a reforzar su relevancia. Experiencias como las visitas al Sincrotrón ALBA permiten ir un paso más allá: no solo se abordan conceptos científicos complejos, sino también la gran diversidad de ámbitos profesionales que hacen posible la investigación, desde la ingeniería y la física hasta la biología o las bellas artes. Ver cómo trabajan los profesionales de estos ámbitos, qué proyectos desarrollan y qué impacto tienen contribuye a romper estereotipos y, sobre todo, a poder imaginarse ocupando estos roles en el futuro.

Esta misma lógica se refuerza en programas como el de fomento de las vocaciones del Parque Tecnológico de Nou Barris del área de talento digital de Barcelona Activa, donde el alumnado de bachillerato conoce las aplicaciones reales de la ciencia y la tecnología y entra en contacto directo con empresas que operan en la vanguardia de la innovación tecnológica. Conocer de primera mano los perfiles profesionales, sus trayectorias y los entornos de trabajo permite ampliar la mirada sobre las oportunidades que ofrecen las disciplinas STEAM y superar el desconocimiento de las salidas laborales, uno de los factores que con mayor frecuencia condiciona la elección de estudios.

Igualmente, iniciativas como el Programa de Fomento de las Vocaciones Verdes de Aigües de Barcelona engloban diversas acciones orientadas a promover los oficios vinculados a la sostenibilidad entre jóvenes en situación de vulnerabilidad. En estas actividades, los y las participantes descubren qué son las vocaciones verdes, identifican sus habilidades e intereses y exploran cómo estos pueden encajar en las oportunidades profesionales que se generan en instalaciones como las de tratamiento de agua.

Hacia una estrategia integral y transformadora

El fomento de las vocaciones STEAM requiere una mirada sistémica que integre educación formal, no formal e informal, así como políticas públicas, prácticas educativas e iniciativas sociales.

En este proceso, es fundamental comenzar desde las primeras edades, alimentar la curiosidad inicial y garantizar la continuidad de experiencias que permitan mantener y consolidar el interés. Garantizar la inclusión y la equidad, conectar la ciencia con la realidad, hacer visibles referentes diversos y acercar al alumnado a las aplicaciones y salidas profesionales son elementos clave para construir una relación significativa con las disciplinas STEAM.

Desde esta perspectiva, el fomento de las vocaciones STEAM puede entenderse como un proceso de construcción del capital científico, tal como lo define Louise Archer: un conjunto acumulativo de experiencias, conocimientos, referentes, actitudes y expectativas que actúan como una mochila que permite a las personas identificarse con la ciencia y considerarla una opción posible dentro de su futuro.

Las experiencias educativas significativas, basadas en la experimentación, la creatividad y el contacto directo con el mundo, juegan un papel central en este proceso. Porque, en última instancia, el reto no es solo formar a más profesionales del ámbito STEAM, sino contribuir a construir una sociedad más crítica, creativa y capaz de afrontar los grandes desafíos del presente y del futuro.

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